Irisada

Irisada
¡¡Hola, amigos!!

lunes, 16 de abril de 2012

La última mirada

(Dedicado a Mathew)


La última mirada

Si entendieras por qué te duele, te dejaríamos elegir.
Si pudieras optar por finalizar tu vida cuando quisieras, nos posiblitaras calmarte ese dolor y mimarte, hasta tu último suspiro, permitiría que, si lo deseas, pudieras vivir tu último trecho disfrutando de nuestra compañía.

Porque nos quieres. Lo veo en tu mirada, esa mirada que me habla de impotencia, que nos pide ayuda, que nos exige una explicación a tu padecimiento, que nos implora clemencia, y que nos culpa porque tenemos nosotros, y no tú, la última palabra. Tus pupilas fijas me hacen preguntarme si tendrás consciencia de muerte, si sabrás lo que va a suceder hoy, si nos estarás agradeciendo, acusando, suplicando o maldiciendo. Creo que por primera vez no sé entenderte. Y me duele en el alma, porque tampoco sé explicarte.

No somos Dios, y no es fácil, créeme, tomar la decisión que debería tomar quien te creó. Pero pienso que Él se ha olvidado de ti, permitiendo tu angustia.
Y no podemos verte sufrir. No podemos presenciar cómo te esfuerzas en ponerte en pie inútilmente, cómo gimes cuando te tocamos, cómo nos llamas cuando nos alejamos y te ves incapaz de seguirnos. ¿Es un acto egoísta? ¿Es nuestro sufrimiento, o el tuyo, el que queremos finiquitar? La culpa y la tristeza nos pueden.

Perdóname. Deja, por favor, pese a que vayamos a firmar la sentencia final, que te demos las gracias por habernos dado tanto durante todos estos años. Ya eres anciano. Ojalá pudieras comprender que llegar a viejo habiendo sido dichoso, como has sido tú, es una gran alegría. Dios se equivocó otorgando al perro tan pocos años de existencia; tú merecías vivir más que muchas personas que conozco.

Te queremos mucho. Te hemos querido mucho, nos has enseñado mucho, nos has consolado mucho, nos has abrigado mucho; nos has comprendido, desde tu perruno entendimiento, mucho. Mucho. Muchísimo.
Compréndenos una vez más. Sólo esta vez: la última. Dame la patita, como yo te enseñé. Apoya tu belfo en mi regazo, quiero sentir por última vez tu calorcito y tu aliento tibio.

En unas horas, tu padecimiento habrá terminado, y yo me quedaré sosteniendo tu mirada en mi mente, sintiendo culpa por mi, y alivio por ti. No sé si en el Más Allá, si es que existe, nos juzgarán por esto. Yo acepto gustosa cualquier condena, porque te prometo que lo único que quiero es que acabe tu penar, y darte de nuevo la dignidad que ese canalla y acinésico sufrir te está robando.

El caso, ¿sabes? es que lo hemos tenido que hacer más veces, y nunca nos acostumbramos.
Siempre sabéis cómo mirarnos en el último momento.
Descansa en paz, Mathew. Has sido un buen perro; has sido una gran persona.

Soneto erótico: La vena de tu miembro

La vena de tu miembro

La vena de tu miembro es la dinamo
que en su latir, enciende mis sentidos,
que derrite nuestros labios ya prendidos
y es el mástil de la pira donde ardo.

La vena de tu miembro me obsesiona
despierta tu virilidad dormida
haciéndote manar simiente viva,
sometiendo dulcemente mi persona.

Riadas de placer en estallidos
la vena de tu miembro me origina,
matándome al besar su recorrido

Pues bebo, cual veneno, tu ambrosía
me ahogo en una hiedra de libido
y muero bajo el mar de tu ardentía.

(Con este soneto, comparto primer premio este mes, en concurso de poemas con dos usuarias más en el foro "Sabor y Estilo")

domingo, 15 de abril de 2012

Perfecto, como siempre
























"Perfecto, como siempre"


Hace frío aquí; deja que te abrigue…

¿Sabes? Hoy está nublado. No sé si terminará lloviendo. No es un día de ésos que te gusta disfrutar paseando por el campo. Hoy no me traerás flores silvestres.

¿Quieres que llene el botijo con agua fresca?. Ahora cortaré unas ramitas de hierbabuena del jardín, porque te gusta el olor, y meteré una, como siempre, en el bolsillo de tu camisa.

Me gusta peinarte, como ahora. El remolino de tu coronilla se me resiste, pero es un reto diario lidiar con él; me brinda una pequeña batalla a la que he terminado tomando gusto.

Hoy he acertado con la raya de tu pantalón: ¡mira que es difícil que te siente derecho! Creo que era el cinturón; no te lo abrochabas bien y llevabas la prenda siempre mal sujeta. ¡Ay, qué hombre!

¿Cuándo terminaré de estar pendiente de tu aspecto?. A veces creo que lo haces adrede porque disfrutas con mis cuidados. En el fondo, sé que te gusta que lo haga.

No tardará en llegar nuestra hija. El viaje habrá sido largo; vendrá cansada; no habrá podido dormir. Quería estar aquí cuanto antes. Espero el momento de verla agarrando tus manos; es un instante tan dulce… Cuánto te quiere. El niño no vendrá, pero lo sentimos cercano, ¿verdad?. Es mejor así, aún es muy pequeño.

Déjame perfumarte. Permite que te rocíe por aquí, por el cuello, tras las orejitas y, finalmente un poco sobre la camisa, como a tí te gusta.

Estás perfecto, como siempre.

Ya vienen a buscarnos. No me moveré de tu lado. Hoy es un día muy importante para ti; tanto, amor mío, como el día que naciste.

-Disculpe, señora. Ya llegó su hija, y quiere entrar.
-Hágala pasar, por favor, mi marido ya está preparado. Dígales, por favor, a los empleados de la funeraria que esperen unos minutos; ella viene de lejos, y querrá estar unos instantes junto al padre. Mientras tanto saldré un momento. He de traer unas flores silvestres a mi esposo.

sábado, 14 de abril de 2012

Desvarío sobre la pareja.

A veces he pensado que tener pareja es como comprarse un coche. Nadie se ofenda, por favor; solamente estoy pensando en alto.

Al principio crea una ilusión enorme, se le cuida, se le mima, no queremos ver en él el más pequeño defecto. Lo enceramos, estamos pendientes de su bienestar, de sus revisiones, de que no le falte de nada, de que no pase carencia junto a nosotros.

Al cabo de unos años, nos sigue gustando, es más, le tomamos más afecto, pero ya no tenemos la misma ilusión. Ya le perdonamos los roces, los pequeños (a veces los grandes) defectos, las averías o la falta de rendimiento, y ya no estamos tan pendientes de que parezca nuevo. Seguimos valorando su calidad y su utilidad, y lo necesitamos del mismo modo, pero no nos importa si brilla un poco menos o no tiene el mismo reprís.

Hay personas, además, a las que, pese a estar contentos con su coche, les atrae probar otros, y aceptan las proposiciones que les ofrecen (o las buscan), por el placer de conducir algo diferente.

También encontramos a quien decide adquirir dos, uno para la demanda diaria, y el otro para los momentos de esparcimiento. Suele suceder que con el segundo se recupere esa ilusión del principio, se le mime y se le cuide con el mismo esmero, aunque no sea nuevo, mientras que al vehículo del trabajo se le va dejando un poco de lado, pero, sabiendo de lo necesario de su existencia, intentamos que más o menos siga estando bien. Puede ocurrir que, finalmente decidamos, con o sin pena, desprendernos de él, porque consideramos que el coche recién adquirido también puede ofrecernos las mismas prestaciones, añadidas a esa ilusión recuperada, que queremos disfrutar también a diario.

Por supuesto, no faltan aquellos que ven más práctico no adquirir un automóvil en propiedad, por no adquirir responsabilidades con él, o porque no lo consideren rentable, y optan por otros transportes, a los que acceden según necesidad, y de los que descienden sin dolor por perderlos de vista.

domingo, 8 de abril de 2012

Tengo

Tengo dicha de haber sido tuya un dia
y lo que debió suceder, sucediera
y entregándote al deseo, admitieras
que me querías.

Tengo hambre de volver a disfrutarte
de vivir momentos dignos de evocar
de brindarte mi pasión, y retomar
y de gozarte.

Tengo miedo de tenerte y no tenerte
de añorar, y a tu olvido condenarme
de querer y no poder recuperarte
y de perderte.

Irisada

Nuevo amor

Nuevo amor, y nuevas ilusiones
que iluminan las tinieblas de mis días;
nuevas risas, nuevas emociones,
nueva alegria.

Nuevas dudas, nuevas confidencias,
nuevos cantos a la vida, que requiero;
nuevas noches, nuevas experiencias,
nuevos recuerdos.

Nuevos besos, nuevas sensaciones
que devuelven el sentido a los sentidos
nuevos miedos, caricias y pasiones
Séd bienvenidos.

Irisada

jueves, 5 de abril de 2012

Soneto al olvido

Soneto al olvido

La digestión del olvido ha de ser lenta,
masticando y degustando los bocados
de vivencia y frenesí, que tanto cuentan,
extrayendo los sabores entregados.

La distancia ha de aumentarse lentamente
degustando y reviviendo lo gozado,
albergando los recuerdos en la mente,
dando así justo sentido a lo olvidado.

Y sonreír, por haberlo conocido
y llorar, por no haberlo hecho viable;
sólo así vale la pena lo sentido.

Y esperar un nuevo amor, en lo probable
y mirar hacia adelante, rostro erguido
guardando aquella historia insuperable.

Soneto: Perra renuncia

Perra renuncia

Perra renuncia, tu existir maldigo
impreco a tu burla falsa y socarrona
que zumba mis oídos, fustiga mi persona
mil veces ansío tu ruina, y te digo

que no he de calmar esta ira creciente
ni he de descansar hasta no ver partidos
todos tus deseos de quebrar mi sino,
y sólo he de hallar paz en mi cólera ardiente.

No hay belleza alguna en el mortificante hastío;
no hay nostalgia dulce en el fatal destierro,
ni el más leve consuelo en el hiriente frío

cuando el frío emana de tu frío hierro
arreciendo la sangre en el corazón mío
que no ha de morir sin verte en el infierno.